Por que da ansiedad

Tenemos ansiedad y no sabemos por qué, queremos saber por qué tenemos ansiedad. No siempre es fácil pero veamos cómo podemos hacerlo.


Con el tiempo y no sin dificultad, hemos asumido que tenemos un trastorno de ansiedad y que este es el causante de todas dolencias. Hemos aprendido que el trastorno de ansiedad es una alteración, un mal funcionamiento, del sistema preventivo-defensivo llamado ansiedad y que este error es el que provoca que sintamos que debemos ponernos en alerta ante determinadas circunstancias.

Nuestro sistema Ansiedad está estropeado: ahora nos informa de peligros cuando “aparentemente” no hay ninguno, ahora nos informa con un nivel de intensidad que no corresponde al peligro real, ahora no es capaz de apagarse.

Algunos terapeutas defienden que conocer el origen de este mal funcionamiento no es requisito para curar la ansiedad, esto es: puede curarse la ansiedad sin llegar a conocer nunca qué es lo que la desencadenó.

Sin entrar en polemizar sobre este planteamiento, lo que sí es una realidad es que muchas de las personas que padecemos trastorno de ansiedad quisiéramos conocer qué es lo que ha producido nuestra ansiedad, queremos saber por qué tenemos ansiedad y, habitualmente, conocer qué está provocando la ansiedad facilita el poder trabajar para superarla, facilita nuestro objetivo final que no es otro que el de curar la ansiedad.

En esta tesitura muchos nos ponemos a pensar y volvemos a pensar qué nos está ocurriendo, intentamos repasar mentalmente cada una de las situaciones que creemos que han podido ser las causantes o desencadenantes de nuestro trastorno, revisamos nuestras relaciones personales, familiares, laborales, los acontecimientos que nos han ocurrido, nuestros sentimientos en cada uno de los momentos del día, lo que hemos comido, como hemos dormido, qué película hemos visto, etc. Nos pasamos mucho tiempo buscando con resultados nulos.

El problema es que estamos buscando de manera desordenada y desorientada, buscamos sin orden ni dirección y, de esa manera, es difícil encontrar. Por suerte existe una técnica que sí va a permitirnos saber qué nos ocurre, es la técnica de:


¿Qué es lo peor que podría pasar?.



Normalmente no sabemos qué nos está desencadenando nuestro trastorno de ansiedad. Puede que tengamos agorafobia, esto, es que no podamos salir a lugares abiertos, puede que tengamos glosofobia, o lo que es lo mismo, nos sintamos paralizados y no podamos hablar en público, etc. Sabemos que es lo que no podemos hacer, sabemos que nos está imposibilitando pero no por qué se está produciendo.

Intentamos pensar qué nos está produciendo esa incapacidad, qué es lo que nos está produciendo ansiedad, por qué ahora no podemos utilizar los transportes públicos, acudir a cenar con los amigos, etc. y no descubrimos nada. El caso más singular de este tipo de preguntas es cuando padecemos ansiedad generalizada, esto es, estamos en un estado de ansiedad constante durante todo el día y, por tanto, la respuesta a qué lo está produciendo es “todo” (o nada).

Ante estos problemas de determinación, la respuesta suele estar en hacer las preguntas adecuadas y, en este sentido (puesto que suele dar muy buenos resultados), la técnica que proponemos es la que hemos llamado ¿Qué es lo peor que podría pasar?.

Se trata de una técnica relativamente sencilla encaminada a desvelar, a hacer patente, el autentico miedo, el monstruo que nos aterroriza, la fantasía que nos paraliza y está desencadenando nuestro trastorno de ansiedad.

La técnica se realiza con un simple “lápiz y papel”- simple pero efectivo y no reemplazable, esto es: para conseguir el resultado buscado debemos ir escribiendo cada paso.

Comenzaremos por describir qué situación nos resulta paralizante. Puede (como en la ansiedad generalizada) que sean muchas, por lo que lo haremos para cada una de ellas.

Una vez descrita esta situación, veremos qué es lo que nos asusta de esta situación y supondremos que estamos en esa situación para plantearnos el siguiente paso.

Por ejemplo:

Imaginemos que tenemos miedo a viajar en un transporte público, la pregunta a responder sería ¿por qué nos asusta?. Ante esta pregunta cada persona nos puede dar su respuesta: nos preocupa perder el control, nos preocupa perder el conocimiento, nos preocupa vomitar, nos preocupa que se derrumbe el techo, nos preocupa que descarrile, etc.

Cada persona tendrá algo que es lo que realmente le trastorna. Ahora deberemos imaginar que eso que nos altera ya ha ocurrido. Esto es: me preocupa perder el conocimiento; bien, nos imaginamos que estábamos en el transporte público y realmente hemos perdido el conocimiento, la pregunta ahora sería ¿y qué es lo peor que puede ocurrirnos?.

Ante esta nueva pregunta volveremos a tener distintas respuestas posibles dependiendo de la persona: a algunos nos preocupará no despertar, en este caso nos deberíamos preguntar qué nos preocupa de no despertar (¿lo que dejamos?, ¿lo que no hemos podido hacer?, ¿Lo que tememos perder?, ¿lo desconocido?, etc.; otros sabemos que ese desmayo será pasajero, iremos o no al hospital y nos repondremos, ¿Qué nos preocupa pues del desmayo?, ¿Qué es lo peor que podría ocurrir con ese desmayo?.

Mediante sucesivas preguntas descendentes, en cada paso iremos escribiendo (recordar la importancia de dejar plasmado en el papel qué nos altera) lo peor que nos puede pasar, suponer que realmente ocurre y ver qué nos preocupa de la nueva situación, iremos afinando cada vez más cual es el punto origen de nuestra alteración.


La técnica de ¿Qué es lo peor que nos podría pasar?, nos hará capaces de llegar a descubrir cual es nuestro demonio o demonios internos, qué es aquello en lo que se fundamenta, de lo que parte nuestro trastorno de ansiedad. Descubriremos por qué tenemos ansiedad: un paso importante hacia nuestro objetivo de curar la ansiedad.

Importante pero no definitivo. Una vez sepamos qué es aquello que nos está desencadenando el trastorno de ansiedad, deberemos aprender la manera de superarlo para efectivamente curar la ansiedad. Algo que puede que no seamos capaces de realizar por nosotros mismos y en lo que podemos necesitar la experiencia y ayuda de algo o alguien más.



Ansiedad: Sintomas cognitivos 3

Tercer artículo dedicado a los síntomas cognitivos de la ansiedad. Las formas en las que razonamos la realidad y que están detrás de nuestra ansiedad.


En nuestros dos artículos anteriores (Ansiedad: Sintomas cognitivosSintomas Cognitivos de la Ansiedad) hemos estado realizando un repaso sobre la manera que tenemos de percibir la realidad y cómo esta forma distorsionada de razonar lo que nos acontece nos provoca ansiedad.

En este tercer artículo dedicado a los síntomas cognitivos de la ansiedad, vamos a tratar los tres últimos tipos de razonamiento “alterado”.


Ansiedad: Síntomas cognitivos iii




Obligaciones supuestas.

¿En cuántas ocasiones no nos hemos recriminado algo con frases del tipo: Tengo que ser...., tengo que hacer..., etc.?, ¿En cuantas ocasiones no nos hemos descubierto recriminando a alguien con frases del tipo: Tendría que ser..., debería hacer...?.

Ansiedad Sintomas - Bronca
En ocasiones estas obligaciones supuestas pueden ser confundidas con un intento de superación: descubrimos que en algo no somos lo suficientemente buenos, correctos, eficientes, etc., y recurrimos a esta expresión para motivarnos, para forzarnos a corregir este “error”.

El problema de esta expresión es que, en realidad, no es ninguna motivación: es una auto-riña, que nos infligimos por un hipotético error. Insistimos en lo dicho, son recriminaciones que nos realizamos por no llegar a cumplir con las expectativas que nos hemos marcado nosotros y que, habitualmente, son demasiado irreales.

Algo similar podría decirse cuando estas supuestas obligaciones las atribuimos a los demás. Habitualmente estas obligaciones que atribuimos a los demás, se basan en momentos puntuales en los que tenemos contacto con ellas: una dependienta en una tienda que se demora demasiado. Nuestra reacción es atribuirle la obligación de atendernos con prontitud y diligencia, sin considerar que pudieran haber razones que justificaran su comportamiento actual, sin considerar que estamos juzgándola sin saber qué hay debajo, puede que sea la mejor dependienta del mundo que tiene un mal día (y, sí, todos tenemos un mal día y el tenerlo está permitido y es humano).

Como se plantea, tanto cuando estas supuestas obligaciones las atribuimos a los demás, como cuando nos las atribuimos a nosotros, el incumplimiento de las mismas nos produce frustración; por tanto se debe a una alteración de la manera de razonar, un síntoma cognitivo, que no debe ser confundido con ser exigente con uno mismo o con los demás sino que implica una revisión de nuestros planteamientos ajustando las supuestas obligaciones a la realidad.

El recriminarnos con tengo que ser, tengo que hacer, etc. sólo puede conducirnos a la frustración cuando no lo consigamos (cosa muy probable pues nuestras metas de perfección suelen ser irreales) es mucho más razonable hacernos planteamientos de voy a intentar, de esto he aprendido...


Etiquetas.

No podemos despreciar el poder de la etiqueta. Cuando algo es etiquetado, automáticamente pasa a estar clasificado, a pertenecer a una clase de la que es muy difícil salir.

Ansiedad Sintomas - Etiqueta
Los seguidores del libro “el secreto” y similares, defienden que el poder de la etiqueta es tal que si cogemos dos botes idénticos, completamente limpios, los llenamos de agua, uno lo etiquetamos con la palabra “buena” y otro con la palabra “mala” y los guardamos en un armario, al cabo de los meses, al volver a comprobar el estado de estos botes veremos como el agua del bote etiquetado como buena sigue cristalina mientras que el agua del bote etiquetado como mala se ha corrompido. (Nota: Nosotros hemos realizado la prueba y, en nuestro caso, el resultado no ha sido el esperado).

Con independencia de estas creencias, la mayoría de nosotros hemos visto en nuestras vidas cómo la etiqueta marca a la persona. Hemos visto al típico compañero etiquetado como pesado, con el que nadie hablaba y con el que, una vez hemos hablado, no entendíamos el motivo de esa etiqueta, aún así esa etiqueta hacía que nadie hablara con él y, por tanto, era muy difícil quitársela.

Cuando etiquetamos algo, lo clasificamos y raramente revisamos esta clasificación.

Si clasificamos a alguien como pesado, lo evitaremos y no daremos opción a revisar esta opinión. Si nos clasificamos a nosotros pasará lo mismo.

El error que estamos cometiendo es considerar que las personas son como las pirámides, es considerar que las personas son siempre iguales y no evolucionan, mientras que las personas somos mas como los ríos, que evolucionan y se adaptan.

Por reñir un día a tu hijo de manera injustificada no eres una mala persona, un mal padre, un ser despreciable al que se le debe quitar la custodia y encarcelar vitaliciamente sin contacto con la humanidad, eres un padre que ha tenido un mal momento, al que ahora, le toca rectificar, reconocer el error y enmendar (la prueba más evidente es que eres consciente de la equivocación - una mala madre o un mal padre no lo serían-).

Al poner etiquetas solemos caer en el error de la falta de precisión de las palabras que suelen ser inexactas. Poner etiquetas nos impide evolucionar y, por tanto, debemos intentar evitarlas.


Autoinculpación.

Este síntoma cognitivo de la ansiedad es el que se produce cuando nos atribuimos toda la culpa de cosas que escapan a nuestro control.

  • Mi hijo ha suspendido, soy un mal padre.

  • Mi tasa de aprobados es baja, soy un mal profesor.

  • El coche que reparé se ha vuelto a estropear, soy un mal mecánico.

  • ...


Ansiedad Sintomas - Autoinculpación
En todos estos casos nos estamos atribuyendo la culpa de algo que, si bien tenemos una influencia sobre ello, escapa a nuestro control total. Si bien es cierto que yo reparé el coche, el hecho de que se haya vuelto a romper puede deberse a cosas ajenas a mi (mala conducción, mal mantenimiento, etc.), si mis alumnos no han aprobado, una parte del trabajo lo debo realizar yo, motivándoles, apoyándoles, etc., pero yo o puede hacer que estudien como debieran, ni controlar su entorno personal, ni ser su única influencia, ni soy responsable de su formación de base, etc.

Esta autoinculpación resulta paralizante, nos estamos atribuyendo la responsabilidad total sobre cosas en las que sólo disponemos de una influencia, hay más factores que conducen al desenlace y que no dependen de nosotros. No podemos responsabilizarnos pues de este desenlace ni podemos ni debemos intentar controlar todos y cada uno de los aspectos pues, sencillamente, hay cosas que escapan al control de cualquiera.


En estos tres artículos hemos tratado sobre diez alteraciones del pensamiento, diez síntomas de ansiedad en el plano cognitivo, diez pautas de pensamiento que sólo van a conducirnos a aumentar la ansiedad y, por tanto, los síntomas con que se manifiesta.

Mostramos ahora una lista resumen de los mismos:

  • Pensamiento Dicotómico: Vemos el mundo en blanco y negro, no existen las escalas de grises. Cuando algo no es totalmente perfecto es un completo fracaso.

  • Generalización (excesiva): Considerar un “fracaso puntual” una normal general.

  • Abstracción selectiva: Centrar nuestra atención en un punto negativo obviando el resto para justificar el fracaso.

  • Descartar lo positivo: Retar importancia, despreciar, los hechos positivos que contradicen algo para poder quedarnos con lo negativo.

  • Adivinación: Justificar lo negativo suponiendo lo no probado – leer pensamiento o adivinar el futuro.-

  • Desproporción: Truco del prismático: exageramos lo negativo y minimizamos lo positivo.

  • Emoción vs Realidad: Razonar con las emociones: me siento mal luego algo va mal.

  • Obligaciones supuestas: Autoimponernos o imponer a los demás obligaciones irrealizables.

  • Etiquetas: Clasificarnos a nosotros o a los demás dentro de categorías.

  • Autoinculpación: Atribuirnos la responsabilidad de cosas que escapan a nuestro control.


Volveremos sobre esta lista cada vez que lo necesitemos para identificar estas alteraciones del pensamiento. Volveremos para aprender a identificarlas e intentar no caer en ellas. Volveremos tanta cuantas veces necesitemos hasta cotidianizarnos con ella, hasta interiorizarla como tablas de multiplicar y poder detectar estos síntomas cognitivos de ansiedad sin necesidad de recurrir a ella.

Esta lista de síntomas de la ansiedad, es una relación de las alteraciones del pensamiento (síntomas cognitivos) que nos hacen vulnerables a la ansiedad, que hacen que tengamos – de manera inconsciente – una inclinación a mantener esta ansiedad y, por tanto, son alteraciones que debemos intentar corregir en nuestro propósito de curar la ansiedad.




Como curar la ansiedad

Tenemos ansiedad y nos planteamos cómo curar la ansiedad. Existen muchas formas pero ¿cuales son? y ¿en qué consisten?


Cuando hablamos de trastorno de ansiedad estamos hablando de una alteración del nuestro sistema de mental, estamos hablando de una alteración que se produce en nuestro cerebro y, por tanto, estamos hablando de una alteración que se adentra en un mundo normalmente desconocido.

Hablar de trastorno de ansiedad es hablar de temor. Sabemos que es un tabú, sabemos que muchos ocultan el estar padeciendo este trastorno pues les preocupa que les estigmatice, que la gente los clasifique como mentalmente débiles, como miedosos, etc. Es algo que debe superarse, no es un problema de carácter, es una “enfermedad”, un comportamiento erróneo de nuestro organismo y, por tanto, algo que ajeno a aquello que tememos que nos clasifiquen; y es algo que debemos reconocer pues es el primer paso al averiguar cómo curar la ansiedad.

Como Curar la Ansiedad - Niño Feliz
Llamar miedo a determinadas circunstancias no es de cobardes sino de precavidos; no tener miedo en determinadas circunstancias es de temerarios; cuando nos acercamos a un precipicio, cuando nuestra vida está en peligro, no reconocer este miedo no es de valientes, es de temerarios: los valientes lo reconocen y lo manejan.

Cuando hablamos de trastorno de ansiedad hablamos precisamente de una alteración en nuestro sistema natural de defensa, una alteración que nos advierte de manera exagerada informándonos de un peligro; el problema del trastorno de ansiedad es precisamente el que la alteración del sistema defensivo del que nos ha dotado la naturaleza para poder sobrevivir a situaciones en que corremos peligro se ha estropeado y, ahora, nos informa de peligros que no existen o, cuando estos sí existen, se dispara con tal intensidad que nos impide realizar cualquier actividad.

Ante este trastorno tan incapacitante tenemos distintas opciones que nos van a permitir curarlo y que son el objeto de este artículo.



Los fármacos

El primer sistema para curar la ansiedad consistirá en tratarla como se trata cualquier otra enfermedad en la medicina occidental: mediante el consumo de fármacos, en este caso los conocidos como psicofármacos.

Las pastillas para la ansiedad son preparados químicos de concentrados de elementos naturales; son preparados artificiales de principios activos altamente concentrados para que produzcan un efecto mayor y más rápido.

En nuestro artículo "Pastillas, ¿Medicina para la Ansiedad?" ya tramos el tema de la utilización de los fármacos en el tratamiento de la ansiedad. En él, ya exponíamos los problemas de los fármacos que se han desarrollado para combatir el trastorno de ansiedad - en especial las benzodiazepinas - y que son:

  • Generan tolerancia: nuestro cuerpo se habitúa a ellos y cada vez requiere más dosis para producir el mismo efecto.

  • Generan adicción: aún cuando la dosis ya no es efectiva, no podemos renunciar a ella pues nuestro cuerpo la reclama con un aumento de la ansiedad.
    Nota: En el caso de los fármacos conocidos como antidepresivos (no las benzodiazepinas) no se ha establecido que generen adicción física aunque, y esto es peor, si pueden incrementar los impulsos suicidas.

  • No curan la ansiedad: son productos desarrollados para tratar con mayor o menor acierto la sintomatología asociada a la ansiedad. Normalmente consisten en relajantes del sistema nervioso, inhibidores de la recaptación de la serotonina, etc. Estos tratamientos no son específicos, van a relajar nuestro sistema nervioso pero no nuestro ánimo, por lo que, además de no combatir el origen del problema, van a debilitar nuestro cuerpo para poder reaccionar.

En resumen, tienen graves contraindicaciones, presentan problemas que hacen que no sean aconsejables excepto en dos casos muy concretos: Si la ansiedad nos está induciendo ideas de producir daño a nosotros o a otros. En caso de que la ansiedad te esté produciendo sensaciones y tengas impulsos suicidas u homicidas, no dudes un momento, deja inmediatamente aquello que estás haciendo y recurre a tu centro de atención de salud, coméntales el caso y ponte en sus manos. En esta circunstancia sí es probable que sea necesario recurrir al uso de los fármacos para controlar este primer nivel de sensaciones.

Salvo en los casos descritos, el uso de fármacos está – a nuestro entender – desaconsejado pues, los estudios demuestran que las técnicas de control del comportamiento son:

  • Tan rápidas o más en sus efectos que los fármacos.

  • No tienen efectos secundarios.

  • A la larga resultan mucho más efectivas, puesto que nos dotan de las herramientas para evitar “recaídas”, algo que no nos proporcionan los fármacos.


Hemos hablados de las técnicas de manejo del comportamiento, esto nos lleva a:



Cómo curar la Ansiedad Sin Pastillas



Sí, si es posible curar la ansiedad sin recurrir a las pastillas. Existen personas que necesitan saber que tienen un fármaco apoyando su recuperación, otras por el contrario prefieren evitarlo y sólo recurrirán a ellos en última instancia. Como hemos indicado antes, los nuevos estudios demuestran que no sólo es posible sino que es recomendable curar la ansiedad sin pastillas pues: no tiene ningún efecto secundario, es tan rápido o más en el tratamiento de los síntomas asociados y dota a la persona tratada de las herramientas que garantizan que no se volverá a recaer.

Al tratar cómo se cura la ansiedad sin pastillas, existen distintas “escuelas”, existen distintas maneras de afrontar el problema. Escuelas estas que difieren en la causa que motiva la ansiedad y, por tanto, en cómo afrontar este trastorno, como curar la ansiedad. Describimos las tres que, según nuestro criterio, son las más ampliamente defendidas:


Enfrentar el Problema.

El planteamiento en que se basa esta visión del problema es que evitamos aquello que nos atemoriza y de esta evitación surge la ansiedad.

De la misma manera que muchos niños temen la oscuridad y la evitan, nosotros evitamos situaciones que nos incomodan, por ejemplo conducir, las alturas, el agua, los espacios abiertos, utilizar transportes públicos, etc. (ponemos situaciones “medibles” por claridad aunque pueden no ser temas tan precisos).

De la misma manera que esos mismos niños cuando crecen dejan de temer la oscuridad, nosotros podemos hacerlo. Los niños, al dejar de serlo, dejan de temer la oscuridad no porque ahora vean sino porque entienden que lo que realmente les preocupaba no tiene sentido; los niños no temen la oscuridad ni al no ver, temen que haya monstruos escondidos que les hagan daño; cuando creces te convences de que esos monstruos no existen y puedes entrar en habitaciones oscuras sin miedo (entras y te golpeas la espinilla con la silla que no está en el lugar que debiera; con lo que tienes dolor pero no ansiedad).

En el caso de esta visión del problema de la ansiedad, el tratamiento a seguir es el de la exposición; debemos ponernos en la situación que desencadena la ansiedad para volver a aprender que no hay nada temerario en ella.

Dependiendo del nivel de ansiedad y de la capacidad de cada persona este volver a enfrentar las situaciones se hará de una manera más paulatina o “de golpe”.


Porqué digo sí cuando quiero decir no.

En esta visión la base está en que las personas con trastornos de ansiedad somos personas “amables”, este no es un término que nos parezca muy apropiado pero intenta describir que el problema que causa el trastorno de ansiedad radica en la voluntad de evitar el conflicto a toda costa.

Según esta visión, el aceptar determinadas situaciones por el hecho de evitar a toda costa la confrontación es aquello que hace que estemos en una situación incomoda, el que no estemos defendiendo aquello que realmente consideramos, el que estemos aceptando algo que no nos beneficia por rehuir la confrontación. Estamos evitando la confrontación pero no nos compensa con el precio que debemos pagar.

La solución que se plantea en este caso es indagar sobre el auténtico problema, por aquello que se está rehuyendo a luchar, evaluar las ventajas e inconvenientes y, de una manera razonada, defender aquello que nos interesa. La evitación del conflicto no suele ser la solución.


Razonamiento equivocado.

En este planteamiento, nosotros percibimos una realidad que es independiente de nosotros. La realidad es un ente objetivo y distante a nosotros.

Nuestros sentidos son lo que informan a nuestro cerebro de la realidad que percibe y este a partir de la información y el conocimiento previo, razona esta realidad, desprendiendo de este razonamiento distintas consecuencias. La manera de razonar la realidad es la que provoca en nosotros los sentimientos.

La misma realidad es percibida de manera distinta por distintas personas, La realidad es la misma en todos los casos pero, como se dice normalmente, unas personas ven la botella medio llena y otros medio vacía, cuando la botella es la misma.

En esta visión del problema del trastorno de ansiedad se trata pues de averiguar qué tipo de pensamientos son los que tenemos distorsionados, qué tipo de filtros mentales estamos aplicando para distorsionar la realidad objetiva y que son los que están provocando que padezcamos de trastorno de ansiedad.


Estas tres visiones del problema son utilizadas dependiendo que la experiencia del terapeuta que trate el problema (o de la preferencia del autor del libro – ensayo – artículo que estemos trabajando). En nuestra opinión particular ninguna es completamente utilizable en la totalidad de los casos ni totalmente descartable, cada persona con trastorno de ansiedad tiene una que se ajusta mejor que las otras a su casuística y, por tanto, esta resulta más productiva en la solución de su problema.

Vemos que al tratar el tema de cómo curar la ansiedad sin pastillas, el punto esencial será descubrir aquello que realmente está provocando nuestro trastorno, una búsqueda que puede requerir en ocasiones el apoyo de un especialista externo que nos aporte una nueva visión pero que, nuestra experiencia avala, es posible conseguir con una búsqueda guiada que realizaremos nosotros mismos.



Tengo Ansiedad o Depresion

Es muy frecuente preguntarse si tengo ansiedad o depresión. Parecen dos trastornos que son uno. Las apariencias engañan (o no).


No sabes muy bien porqué un día te levantas alterado. Notas que tu cuerpo no responde como antes y comienzas a sentirte francamente mal. Acudes al médico pensando que te va a diagnosticar alguna enfermedad “del cuerpo” y te indica que tus dolencias físicas se corresponden a un "trastorno mental", tus dolores, nauseas, mareos, palpitaciones, hormigueos, etc., responden a una trastorno mental llamado trastorno de ansiedad.

Ansiedad o Depresion - Depresion o Ansiedad
Investigamos un poco y nos enteramos que la llamada ansiedad es un sistema defensivo del cuerpo presente en todas las personas, es el sistema que se activa cuando percibes un peligro y es el sistema encargado de prepararnos para superar esta dificultad con éxito. La ansiedad está, por tanto, presente en todos pero, en las personas con trastorno de ansiedad, como su nombre indica: es un sistema que está roto; ahora tiene un funcionamiento anormal haciendo que se active cuando no existe una peligro real o haciendo que se active de manera desproporcionada al peligro.

Tardamos un tiempo en asimilarlo y nos damos cuenta que empezamos a tener otra serie de síntomas, notamos que comenzamos a experimentar sensaciones distintas que no parecen responder a esta alteración del sistema ansiedad sino a algo distinto; algo que podría clasificarse como trastorno de depresión.

Entonces, ¿son ambos trastornos del ánimo un todo?. Existe una realidad estadística que constata que con frecuencia significativa los dos trastornos se muestran a la vez, que las personas que padecen de trastorno de ansiedad suelen padecer un cierto grado de depresión y viceversa.


¿Ansiedad? ¿Depresión? ¿Ambos?



Los investigadores se han preocupado por esta coincidencia estadística Ansiedad-Depresión y han desarrollado diferentes teorías que pretenden explicar el porqué de esta coincidencia.

La primera de estas teorías está relacionada con la limitación del lenguaje: el progreso ha sido posible cuando el lenguaje se ha desarrollado; de la misma manera que para muchos cuando nos acercamos a la costa podemos expresar sólo si hace viento o no, los marineros tienen nombres para describir los distintos tipos de viento (algo de lo que depende su subsistencia). Cuando hablamos de trastornos del ánimo, normalmente no conocemos las palabras con las que describir aquello que sentimos, solo sabemos exponer que algo no funciona como debiera; de esta dificultad en el lenguaje es de donde se desencadena el que en ocasiones expresemos sentimientos que pueden confundirse con trastorno de ansiedad o de depresión.

La segunda teoría parte de que los desencadenantes de estos trastornos pueden ser varios y es probable que un grupo sea común; así experimentaremos ansiedad y depresión pero, luego tendremos otros que serán los que se agudicen y harán que mostremos trastorno de ansiedad o trastorno de depresión; en definitiva esta teoría viene a sustentar que aunque nuestro trastorno sea mayoritariamente uno u otro, probablemente también tengamos desencadenantes del otro trastorno.

La tercera teoría está relacionada con la manera en la que las personas con trastornos de depresión viven su trastorno: las limitaciones en la calidad de vida, el haberse convencido de que no son capaces de continuar con su vida de una manera "normal", hace que caigan en un estado de decaimiento que les invite a evitar realizar actividades en las que presienten que no están cómodos; estas conductas de evitación son confundidas frecuentemente con un trastorno de ansiedad.

La cuarta teoría es la inversa a la anterior; según esta teoría, cuando padecemos de trastorno de ansiedad, sufrimos de una serie de dolencias físicas, cognitivas o conductuales que nos incapacitan para llevar el ritmo de vida que llevábamos. Cuando el trastorno de ansiedad es significativo, la persona tiende a huir de cualquier circunstancia en la que crea que pueden agudizarse los síntomas. Nos enclaustramos, nos intentamos proteger y, a medida que aumenta el tiempo en nuestro trastorno, aparecen sentimientos de culpa, sentimientos de impotencia, dudas, …, estamos mostrando síntomas de depresión.


Como podemos observar las teorías cubren todo el espectro de posibilidades; cuando dos acontecimientos están relacionados puede que el primero desencadene el segundo, que sea al contrario, que se deba a que tienen un origen común o que simplemente sea un equívoco.

Hemos dicho que se trata de teorías. No podemos olvidar esto. Son maneras de explicar un hecho fundamentadas en la experiencia del ejercicio profesional, en encuestas, en estudios, etc., pero teorías, esto es: ninguna de ellas ha llegado a ser demostrada (en cuyo caso se tomaría como explicación cierta del porqué de la coincidencia estadística y se descartarían el resto).

Lo que es innegable es que ambos trastornos (ansiedad y depresión) tienen una serie de puntos en común:

  • Ambos son trastornos del ánimo.
  • Ambos son trastornos relacionados con el temor.
  • Ambos trastornos tienen síntomas comunes.
  • Ambos suelen tratarse con fármacos similares o iguales.

Pero esta es toda la coincidencia existente. Esencialmente los dos trastornos son distintos: Mientras que la ansiedad es una respuesta a un temor ante algo que ha de venir, es una respuesta, una preocupación ante la posibilidad de que ocurra algo que ponga en peligro nuestra integridad física o mental, es el fruto de un mal funcionamiento de un sistema defensivo presente en todos; el trastorno de depresión es un problema asociado a la dificultad de asimilar algo del pasado, es una incapacidad de acomodar nuestra existencia actual a una realidad ya acontecida.

De estas realidades diferentes se desprende que el tratamiento, la manera en la que debemos aprender a superar el trastorno es distinta; no es igual aprender a asimilar que aprender a prevenir.




Sintomas cognitivos de la ansiedad

En el artículo anterior Ansiedad – Síntomas Cognitivos estuvimos hablando de los síntomas cognitivos de la ansiedad. De aquellos síntomas que tienen que ver con las alteraciones (conscientes o inconscientes) con las que razonamos la realidad que percibimos.


Estuvimos defendiendo que es nuestro cerebro quien procesa las señales que recibe del exterior y quien las interpreta evaluándolas, de esta evaluación es de la que se desprenderá si la consideramos beneficiosa, perjudicial o simplemente que no nos afecta y, de esta interpretación, se derivarán los sentimientos.

Ya hablamos de tres síntomas cognitivos habituales y qué nos producen:

  • Pensamiento dicotómico
    Caracterizado por percibir la realidad con sólo dos matices de color: las cosas están bien o están mal, algo está limpio o está sucio, etc. Como estuvimos analizando este pensamiento es erróneo pues la realidad no suele tener sólo dos estados, suele ser de una gama de grises: casi nada es completamente correcto ni completamente incorrecto, nada suele estar impoluto, etc.

  • Generalización excesiva
    Considerar que un particular es el total: un rechazo sentimental implica no volver a amar, un rechazo laboral implica tu inutilidad profesional, etc. Un suceso en un momento implica sólo que es lo ocurrido en este momento, el futuro está por venir y en él sí podemos intervenir.

  • Filtro mental.
    Consiste en filtrar, escoger de la realidad aquello que nos interesa (en concreto aquello que apoya lo que nos hiere o tememos) y maquillar, empequeñecer e incluso negar lo que lo contradice (en este caso lo que niega lo que nos hiere o tememos).


Estos razonamientos son síntomas cognitivos de la ansiedad, son alteraciones del razonamiento que nos informan de que algo no funciona bien. Son síntomas difíciles de detectar y de corregir pues, normalmente, los hemos interiorizado, se producen de manera inconsciente y, en muchos casos, han llegado a ser tan habituales que pensamos que forman parte de nuestro ser.

En este artículo vamos a seguir profundizando sobre estos síntomas cognitivos de la ansiedad, vamos a seguir indagando qué cosas podemos estar razonando y qué nos están produciendo esos sentimientos esas sensaciones a las que conocemos como ansiedad. Vamos a continuar describiéndolas porque conocerlas es una parte esencial en nuestro proceso paralograr curar la ansiedad.


Sintomas cognitivos de la ansiedad II



Descartar lo positivo.

Normalmente no están bien vistos los prepotentes, aquellas personas que alardean constantemente de aquello en lo que son superiores, aquellas que tienen constantemente que recordarnos (no siempre con razón) que son superiores en todas y cada una de las cosas que emprenden.

La humildad, es una virtud. El ser conscientes de que no somos superiores en todo, el reconocer que somos humanos y, por tanto, tenemos la costumbre de errar de tanto en tanto, el reconocer el valor de los demás aún cuando sean algo inferiores a nosotros en alguna actividad, está bien considerado.

El problema de muchas de las personas que padecemos de trastorno de ansiedad es que tenemos la tendencia a autoconvencernos de que aquello que nos favorece no es realmente cierto. Estamos en el trabajo y nuestro jefe nos felicita por algún motivo: comienza el recelo, ¿será a nosotros o se habrá equivocado?, ¿se trataba realmente de una felicitación o ha sido un comentario que no hemos sabido interpretar?, realmente tampoco hemos realizado nada tan encomiable, ha sido fruto en gran medida de la suerte, etc. En el extremo llegaremos incluso a desconfiar ¿Qué esconderá esta felicitación?, ¿estará intentando mostrarnos que debemos involucrarnos más?...

Hemos convertido un acto objetivo, una felicitación, en nuestro enemigo. Hemos convertido una felicitación en una amenaza.

Este tipo de síntoma de la ansiedad, nos conduce irremediablemente a la frustración. No podemos recibir ningún tipo de elogio pues, nuestra mente, lo minimiza e incluso lo trasforma en todo lo contrario.


Adivinación.

Todos interpretamos las señales que percibimos y sacamos las conclusiones de qué está ocurriendo y, además, intentamos predecir el futuro.

Ansiedad Sintomas - Bola de Cristal
Es algo que acompaña al ser humano desde sus orígenes; los buenos mentalistas se caracterizan por deducir a partir un reconocimiento rápido una persona muchas de sus características. Son capaces de percatarse de detalles que, a la mayoría, nos pasan desapercibidos y que luego atribuyen a poderes especiales. Desde antiguo el hombre ha querido predecir las estaciones de lluvia, la combinación premiada en el sorteo, etc.

El problema radica en que muchas de las personas que padecemos de trastorno de ansiedad, tenemos este síntoma cognitivo de la ansiedad, un síntoma pues nuestro razonamiento equivocado hace que obtengamos conclusiones que no se corresponden con los hechos.

En este tipo de síntoma cognitivo de la ansiedad, tenemos pues dos casos:

  • Lectura errónea del pensamiento. Una mirada ida cuando mantenemos una conversación, una mirada extraña mientras estamos en la entrevista, etc. No nos planteamos que pueda haber otros motivos para estas señales: estamos seguros de que estas personas nos están valorando y, además, estas personas están valorándonos negativamente. (cuando puede que hayan pasado una mala noche, que tengan un dolor de muelas, etc.)

  • Futuro negativo: Es una tendencia a considerar que todo lo que estar por venir va a ser negativo para nosotros. El próximo examen lo suspenderé, este fin de semana lloverá, se va a romper el coche, etc. Fijémonos como con este razonamiento estamos predisponiéndonos a que ocurra.


Desproporción.

A casi todos nos ha pasado alguna vez que hemos tenido la sensación de que no se nos estaba valorando con el mismo rasero que al resto. Casi todos tenemos la percepción de que en el mundo las cosas no se evalúan igual dependiendo de factores que, en principio, no deberían afectar: la posición social, las amistades, el sexo, etc.

Ansiedad Sintomas - prismaticos
Ante esta situación, solemos estar molestos e indignarnos, pero: ¿Qué ocurre cuando somos nosotros los que no somos justos?.

Las personas con trastorno de ansiedad solemos manifestar un síntoma cognitivo de la ansiedad que consiste en utilizar el prismático cuando miramos nuestra persona: cuando estemos evaluando nuestros defectos utilizaremos la función de aumento y, cuando evaluamos nuestras virtudes, invertiremos el prismático y estos se empequeñecen.

En el uso del prismático está el síntoma, la alteración cognitiva que hace que no veamos de manera objetiva, que no nos evaluemos a nosotros mismos con la objetividad que exigimos al resto.


Emoción vs Realidad.

Nuestros sentidos son el mecanismo que tenemos para recibir la información del exterior, nuestros sentidos nos trasmiten las formas, los colores, los olores, las sensaciones de calor, de frío, etc.

Aunque la temperatura exterior sea algo objetivo y medible, no todos tenemos la misma percepción: unos sentimos más calor que otros o más frío y, por tanto, nuestra apreciación sobre la idoneidad de la temperatura varía.

Con los sentimientos ocurre algo similar, la misma situación provoca sentimientos distintos; un aficionado al fútbol sentirá la victoria de su equipo con una intensidad menor a la de un forofo. El problema, el síntoma cognitivo de la ansiedad al que estamos refiriéndonos en este caso es el de interpretar la realidad en función, no de los hechos objetivos, sino en función de cómo nos sentimos.

Imaginemos que estamos en el autobús y, de pronto, nos sentimos angustiados, sentimos que se nos está acelerando el pulso, tenemos sudores fríos, notamos que nos mareamos, etc., en este momento nos damos cuenta de que estamos en peligro, tememos por nuestra integridad física. Hemos concluido que estamos en peligro real porque hemos razonado la realidad en función de nuestros sentidos.

Pongamos otro ejemplo: puesto que me siento un fracasado, es que realmente debo serlo. El razonamiento seguido consiste en atribuir el sentimiento a la realidad, de hecho dos personas en la misma situación objetiva se sentirán fracasados o triunfadores dependiendo de otros parámetros.

Este síntoma cognitivo de la ansiedad es difícil de tratar puesto que de poco sirve que nos digan que no somos unos fracasados o que no corre peligro nuestra integridad física cuando realmente nosotros lo sentimos así.

Aún así, pasada la situación que nos angustiaba vemos como nuestra integridad física se mantiene, oímos como la gente nos dice que ellos no consideran que seamos unos fracasados. Es una señal de que nuestros sentimientos no se corresponden a la realidad, nuestros sentimientos no son un indicador de que algo sea como creemos que es, los sentimientos son el reflejo de la manera que tenemos de razonar la realidad, y el problema está en cómo estamos haciendo ese razonamiento.



Tratar como estos síntomas cognitivos de la ansiedad requiere primero conocerlos, luego llegar a entender qué significan, para posteriormente poder pasar a detectarlos y finalmente corregirlos.

En un próximo artículo veremos los síntomas cognitivos de la ansiedad que todavía no hemos desvelado. Por el momento deberemos trabajar estos cuatro (junto con los tres que vimos en nuestro artículo anterior), aprendiendo a identificarlos y reconocerlos.