Como curar la ansiedad

Tenemos ansiedad y nos planteamos cómo curar la ansiedad. Existen muchas formas pero ¿cuales son? y ¿en qué consisten?


Cuando hablamos de trastorno de ansiedad estamos hablando de una alteración del nuestro sistema de mental, estamos hablando de una alteración que se produce en nuestro cerebro y, por tanto, estamos hablando de una alteración que se adentra en un mundo normalmente desconocido.

Hablar de trastorno de ansiedad es hablar de temor. Sabemos que es un tabú, sabemos que muchos ocultan el estar padeciendo este trastorno pues les preocupa que les estigmatice, que la gente los clasifique como mentalmente débiles, como miedosos, etc. Es algo que debe superarse, no es un problema de carácter, es una “enfermedad”, un comportamiento erróneo de nuestro organismo y, por tanto, algo que ajeno a aquello que tememos que nos clasifiquen; y es algo que debemos reconocer pues es el primer paso al averiguar cómo curar la ansiedad.

Como Curar la Ansiedad - Niño Feliz
Llamar miedo a determinadas circunstancias no es de cobardes sino de precavidos; no tener miedo en determinadas circunstancias es de temerarios; cuando nos acercamos a un precipicio, cuando nuestra vida está en peligro, no reconocer este miedo no es de valientes, es de temerarios: los valientes lo reconocen y lo manejan.

Cuando hablamos de trastorno de ansiedad hablamos precisamente de una alteración en nuestro sistema natural de defensa, una alteración que nos advierte de manera exagerada informándonos de un peligro; el problema del trastorno de ansiedad es precisamente el que la alteración del sistema defensivo del que nos ha dotado la naturaleza para poder sobrevivir a situaciones en que corremos peligro se ha estropeado y, ahora, nos informa de peligros que no existen o, cuando estos sí existen, se dispara con tal intensidad que nos impide realizar cualquier actividad.

Ante este trastorno tan incapacitante tenemos distintas opciones que nos van a permitir curarlo y que son el objeto de este artículo.



Los fármacos

El primer sistema para curar la ansiedad consistirá en tratarla como se trata cualquier otra enfermedad en la medicina occidental: mediante el consumo de fármacos, en este caso los conocidos como psicofármacos.

Las pastillas para la ansiedad son preparados químicos de concentrados de elementos naturales; son preparados artificiales de principios activos altamente concentrados para que produzcan un efecto mayor y más rápido.

En nuestro artículo "Pastillas, ¿Medicina para la Ansiedad?" ya tramos el tema de la utilización de los fármacos en el tratamiento de la ansiedad. En él, ya exponíamos los problemas de los fármacos que se han desarrollado para combatir el trastorno de ansiedad - en especial las benzodiazepinas - y que son:

  • Generan tolerancia: nuestro cuerpo se habitúa a ellos y cada vez requiere más dosis para producir el mismo efecto.

  • Generan adicción: aún cuando la dosis ya no es efectiva, no podemos renunciar a ella pues nuestro cuerpo la reclama con un aumento de la ansiedad.
    Nota: En el caso de los fármacos conocidos como antidepresivos (no las benzodiazepinas) no se ha establecido que generen adicción física aunque, y esto es peor, si pueden incrementar los impulsos suicidas.

  • No curan la ansiedad: son productos desarrollados para tratar con mayor o menor acierto la sintomatología asociada a la ansiedad. Normalmente consisten en relajantes del sistema nervioso, inhibidores de la recaptación de la serotonina, etc. Estos tratamientos no son específicos, van a relajar nuestro sistema nervioso pero no nuestro ánimo, por lo que, además de no combatir el origen del problema, van a debilitar nuestro cuerpo para poder reaccionar.

En resumen, tienen graves contraindicaciones, presentan problemas que hacen que no sean aconsejables excepto en dos casos muy concretos: Si la ansiedad nos está induciendo ideas de producir daño a nosotros o a otros. En caso de que la ansiedad te esté produciendo sensaciones y tengas impulsos suicidas u homicidas, no dudes un momento, deja inmediatamente aquello que estás haciendo y recurre a tu centro de atención de salud, coméntales el caso y ponte en sus manos. En esta circunstancia sí es probable que sea necesario recurrir al uso de los fármacos para controlar este primer nivel de sensaciones.

Salvo en los casos descritos, el uso de fármacos está – a nuestro entender – desaconsejado pues, los estudios demuestran que las técnicas de control del comportamiento son:

  • Tan rápidas o más en sus efectos que los fármacos.

  • No tienen efectos secundarios.

  • A la larga resultan mucho más efectivas, puesto que nos dotan de las herramientas para evitar “recaídas”, algo que no nos proporcionan los fármacos.


Hemos hablados de las técnicas de manejo del comportamiento, esto nos lleva a:



Cómo curar la Ansiedad Sin Pastillas



Vivir sin Ansiedad - Logo vertical
Sí, si es posible curar la ansiedad sin recurrir a las pastillas. Existen personas que necesitan saber que tienen un fármaco apoyando su recuperación, otras por el contrario prefieren evitarlo y sólo recurrirán a ellos en última instancia. Como hemos indicado antes, los nuevos estudios demuestran que no sólo es posible sino que es recomendable curar la ansiedad sin pastillas pues: no tiene ningún efecto secundario, es tan rápido o más en el tratamiento de los síntomas asociados y dota a la persona tratada de las herramientas que garantizan que no se volverá a recaer.

Al tratar cómo se cura la ansiedad sin pastillas, existen distintas “escuelas”, existen distintas maneras de afrontar el problema. Escuelas estas que difieren en la causa que motiva la ansiedad y, por tanto, en cómo afrontar este trastorno, como curar la ansiedad. Describimos las tres que, según nuestro criterio, son las más ampliamente defendidas:


Enfrentar el Problema.

El planteamiento en que se basa esta visión del problema es que evitamos aquello que nos atemoriza y de esta evitación surge la ansiedad.

De la misma manera que muchos niños temen la oscuridad y la evitan, nosotros evitamos situaciones que nos incomodan, por ejemplo conducir, las alturas, el agua, los espacios abiertos, utilizar transportes públicos, etc. (ponemos situaciones “medibles” por claridad aunque pueden no ser temas tan precisos).

De la misma manera que esos mismos niños cuando crecen dejan de temer la oscuridad, nosotros podemos hacerlo. Los niños, al dejar de serlo, dejan de temer la oscuridad no porque ahora vean sino porque entienden que lo que realmente les preocupaba no tiene sentido; los niños no temen la oscuridad ni al no ver, temen que haya monstruos escondidos que les hagan daño; cuando creces te convences de que esos monstruos no existen y puedes entrar en habitaciones oscuras sin miedo (entras y te golpeas la espinilla con la silla que no está en el lugar que debiera; con lo que tienes dolor pero no ansiedad).

En el caso de esta visión del problema de la ansiedad, el tratamiento a seguir es el de la exposición; debemos ponernos en la situación que desencadena la ansiedad para volver a aprender que no hay nada temerario en ella.

Dependiendo del nivel de ansiedad y de la capacidad de cada persona este volver a enfrentar las situaciones se hará de una manera más paulatina o “de golpe”.


Porqué digo sí cuando quiero decir no.

En esta visión la base está en que las personas con trastornos de ansiedad somos personas “amables”, este no es un término que nos parezca muy apropiado pero intenta describir que el problema que causa el trastorno de ansiedad radica en la voluntad de evitar el conflicto a toda costa.

Según esta visión, el aceptar determinadas situaciones por el hecho de evitar a toda costa la confrontación es aquello que hace que estemos en una situación incomoda, el que no estemos defendiendo aquello que realmente consideramos, el que estemos aceptando algo que no nos beneficia por rehuir la confrontación. Estamos evitando la confrontación pero no nos compensa con el precio que debemos pagar.

La solución que se plantea en este caso es indagar sobre el auténtico problema, por aquello que se está rehuyendo a luchar, evaluar las ventajas e inconvenientes y, de una manera razonada, defender aquello que nos interesa. La evitación del conflicto no suele ser la solución.


Razonamiento equivocado.

En este planteamiento, nosotros percibimos una realidad que es independiente de nosotros. La realidad es un ente objetivo y distante a nosotros.

Nuestros sentidos son lo que informan a nuestro cerebro de la realidad que percibe y este a partir de la información y el conocimiento previo, razona esta realidad, desprendiendo de este razonamiento distintas consecuencias. La manera de razonar la realidad es la que provoca en nosotros los sentimientos.

La misma realidad es percibida de manera distinta por distintas personas, La realidad es la misma en todos los casos pero, como se dice normalmente, unas personas ven la botella medio llena y otros medio vacía, cuando la botella es la misma.

En esta visión del problema del trastorno de ansiedad se trata pues de averiguar qué tipo de pensamientos son los que tenemos distorsionados, qué tipo de filtros mentales estamos aplicando para distorsionar la realidad objetiva y que son los que están provocando que padezcamos de trastorno de ansiedad.


Estas tres visiones del problema son utilizadas dependiendo que la experiencia del terapeuta que trate el problema (o de la preferencia del autor del libro – ensayo – artículo que estemos trabajando). En nuestra opinión particular ninguna es completamente utilizable en la totalidad de los casos ni totalmente descartable, cada persona con trastorno de ansiedad tiene una que se ajusta mejor que las otras a su casuística y, por tanto, esta resulta más productiva en la solución de su problema.

Vemos que al tratar el tema de cómo curar la ansiedad sin pastillas, el punto esencial será descubrir aquello que realmente está provocando nuestro trastorno, una busqueda que puede requerir en ocasiones el apoyo de un especialista externo que nos aporte una nueva visión pero que, nuestra experiencia avala, es posible conseguir con una búsqueda guiada que realizaremos nosotros mismos.



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